UNA ETAPA DEL VIAJE
Los Alpes.
Ganas de seguir.
No fue una única parada, sino varios regresos a la montaña. Desde el Cervino hasta el Mont Blanc, pasando por una noche en San Gotardo que no tenía prevista.
El Cervino se dejó ver
Después de una ruta entre niebla en Mont Avic, llegué a Breuil-Cervinia. Subí caminando hacia Plan Maison y esperé alrededor de una hora hasta que las nubes dejaron libre la cumbre. Continué hacia el lago Goillet con el Cervino acompañándome. Aquella visita me bastó: decidí no ir después a Zermatt.
Dormir en San Gotardo
Mi idea era atravesar el puerto y llegar a Lugano. Pero, una vez arriba, cambié de planes. Di un paseo con Luka y me quedé a dormir allí. Por la mañana, con otra luz sobre el paisaje, bajé tranquilamente hacia Airolo. A veces, conducir también era una forma de disfrutar del viaje.
Chamonix y el hielo por dentro
Tras ciudades y días junto a los lagos, necesitaba volver a la montaña. En Chamonix hice una caminata exigente desde Plan de l’Aiguille, con grandes vistas y terreno que pedía precaución. Al día siguiente cambié las botas por el tren de Montenvers y la visita al interior del hielo de Mer de Glace.
Un atardecer para despedirse
En Plaine Joux, sentado junto a Luka frente a la cadena del Mont Blanc, empecé a asumir que aquello se terminaba. Habían pasado casi dos meses y, aun así, sentía que podría seguir. Fue una despedida de los Alpes, pero también la certeza de que quería volver a viajar así.
Este había sido el primero. No quería que fuese el último.